14.600 DÍAS Y UNO MÁS

Nuestro barrio estaba donde Madrid terminaba, estaba casi en el fin del mundo. Ahora no es el centro pero está mucho más cerca.
Era la última parada de la línea marrón.
Esperanza.

El primer recuerdo que tengo de ella, Raquel, es haciendo un muñeco de nieve con sus vecinos que habían abierto una frutería debajo de mi casa. Era cuando nevaba mucho y los niños salíamos sin hora y
estar en la calle era mejor que cualquier extraescolar.
No me acuerdo de mucho más y no tendríamos más de 10 años.

Después vinieron los partidos de béisbol en el parque de su casa, las ventanas rotas de los vecinos, las jeringuillas de los yonquis en el jardín. Eran los años 80 y pasaban tantas cosas que si hubiera existido TikTok lo habríamos petado.

¿Recuerdas a esa Penélope Cruz en Jamón jamón ? Pues te la pones en rubia y te haces una idea.
Serio, manos fuertes, bocadillos de gallinejas y cuadros hechos con miga de pan.
Amabilidad, cariño, cuidado, hogar.
Sus padres.

Y llegó el instituto.
Esas erecciones involuntarias a las 9 de la mañana en clase de cualquier cosa sin saber por qué.
Nostalgia.

¿Sabes la típica película americana donde la prota entra en la habitación y el chico está al otro lado?
Ella le mira y todo se va a oscuro menos una luz que parece que viniera de Dios y solo le ilumina a él, mientras ella, con los ojos más redondos que los de un dibujo manga y boca de muñeca hinchable,
pierde el sentido. Parece que se va a desmayar hasta que su mejor amiga le da un codazo y le dice:

—Megan, ¿qué te pasa? Parece que hubieras visto un fantasma.
—Jajaja —dice ella—, creo que necesito una copa.

Pues eso es lo que me pasó cuando le conocí a él, David, en el aula de teatro.
¿Recuerdas a ese Matt Damon en El indomable Will Hunting ? Pues igual, pero en moreno.

Y allí nos encontramos los tres.
Donde estar encima de un escenario se convirtió en la razón de ser, lo que le dio una dirección a la vida.

Éramos muchos más, claro, gente maravillosa con la que compartimos momentos increíbles, pero que se han convertido en recuerdos más o menos borrosos.

Ese barrio que fue el principio de todo lo que vino después. Antes de los 20 ya teníamos una compañía de teatro, habíamos actuado en mil sitios, ido de bolos. Habíamos escuchado a la señora de la asociación de vecinos leernos los poemas que escribía mil veces, y todas ellas le aplaudíamos cosas que no entendíamos.
El alcalde de Madrid nos dio un premio o dos, no me acuerdo. Sé que uno fue a Raquel y el otro pues…

También nos íbamos al parque a cantar con las litronas de cerveza, a salir por Madrid de pedo. Teníamos tiempo de eso y de más cosas que aquí no importan.
Y, como he dicho antes, todo eso antes de que empezasen los 90.

Después, poco a poco, empezamos a salir del barrio para empezar la vida que vino después, con sus sí y sus no, las renuncias y los logros.
Si me estás leyendo en este blog te haces una idea de que el resultado no está nada mal y, de sus logros profesionales, ya sabes.
De los personales sabemos nosotros, y lo que sí te puedo decir es que no puedo estar más orgulloso.

No ha sido fácil, claro. ¿Para quién lo es?
Ha sido una suerte haberme criado en ese barrio, tener la oportunidad de ser el adulto que ahora soy en compañía de estas dos personas.
Agradecimiento y amor, donde los 14.600 días y uno más que llevamos compartiendo ya no importan.
Hace mucho que dejamos de ser amigos para convertirnos en familia, y ahí el tiempo no se mide.

¿Recuerdas a Brad Pitt en Thelma & Louise ? Con la misma sonrisa y ese culo.

Daniel.
Un placer.